Tu salud mental empieza por entender tu entorno
Cuando pensamos en salud mental, solemos enfocarnos en lo que sentimos “por dentro”: agobio, tristeza, estrés, apatía… Pero pocas veces nos detenemos a pensar en algo que tiene un impacto directo en nuestro bienestar psicológico: nuestro contexto. Es decir, todo lo que nos rodea y da forma a nuestra vida, nuestra historia, cultura, situación familiar, económica y social.
¿Por qué es importante tener en cuenta nuestro contexto cuando hablamos de salud mental?
- No vivimos totalmente aislados
Lo que sentimos no nace en el vacío. La forma en que pensamos, actuamos o reaccionamos está directamente influida por nuestras experiencias y por lo que
hacemos frente cada día.
- El entorno afecta a nuestro malestar
La mayoría de las veces, la ansiedad, la tristeza o el cansancio están relacionados o empeoran por situaciones contextuales como el exceso de responsabilidades, discriminación, violencia, migración o falta de apoyo. Reconocer esto nos permite ver que sentirnos mejor, o dejar de sufrir no siempre es una cuestión de voluntad.
- Comprender el contexto nos ayuda a encontrar soluciones más realistas y adaptadas
No es lo mismo lidiar con el estrés siendo adolescente, madre/padre soltero/a o una persona que dispone de herramientas y soporte social. Cada situación requiere recursos distintos, y sólo partiendo de esta base, podemos buscar estrategias más ajustadas a nuestra realidad, en lugar de intentar cumplir expectativas imposibles o aplicar soluciones que no se adecuan a nuestra realidad actual.
- Nos ayuda a tratarnos con empatía
Todos sabemos que a veces podemos ser nuestros peores jueces. En ocasiones nos pueden venir a la mente pensamientos cómo: “no soy suficiente”, “soy flojo/a” o “no valgo”. Pero si ponemos las cosas en perspectiva y observamos lo que realmente estamos atravesando y cargando, cuál es nuestra situación real y lo que estamos logrando hacer, podemos empezar a hablarnos con más respeto y compasión al darnos cuenta de que estamos haciendo lo que podemos, de la mejor manera que sabemos, en la situación en la que estamos, con el contexto y la información que tenemos.
En definitiva, tener en cuenta nuestro contexto es clave para entendernos, dejar de culpabilizarnos y empezar a cuidar de nosotros mismos con más realismo, amabilidad y empatía. Porque muchas veces el problema no está en cómo sentimos, sino también en olvidarnos de las condiciones externas que atravesamos.

