Soledad en la edad adulta: cómo hacerle frente
Se ha hablado mucho de la soledad en las personas mayores o en otros colectivos más vulnerables pero la soledad empieza a ser también frecuente entre la población de edad más joven o adulta. Las limitaciones físicas, la baja autonomía o la patología mental son considerados factores de riesgo y pueden favorecer esta condición pero no siempre es necesario padecer algunas de estas condiciones para sentirnos solos o solas. Y es que factores socioeconómicos actuales como las dificultades económicas, situaciones de precariedad o el desempleo, el origen étinico o el individualismo social entre otros pueden facilitar y propiciar su crecimiento entre la población de todas las edades.
Según los resultados de un estudio del País Vasco, la soledad no deseada es mayor en las mujeres y presenta una clara desigualdad social, siendo más frecuente sentirse solo/a en las clases sociales más desfavorecidas. Aunque la prevalencia de soledad más alta se da en los grupos de 80 años y más, también afecta de manera especial a las personas de 25 a 44 años y es en esta franja de edad donde, además de las desigualdades sociales, se encontró también una major asociación con la mala salud.
El sentimiento de soledad aparece cuando no logramos tener las relaciones cercanas que necesitamos y percibimos una falta de control a pesar de nuestros esfuerzos en cambiar la situación. La soledad debe tratarse principalmente por el sufrimiento y el malestar que produce en la persona pero también para evitar los efectos a largo plazo que puede llegar a tener, ya que se asocia tanto con una peor salud física como mental (afecciones cardiovasculares, perturbación en el sueño, depresión o deterioro cognitivo entre otros).
Para evitar o mejorar esta situación de soledad en la edad adulta es importante abordar el problema desde una óptica integradora, interviniendo en diferentes aspectos.
Primero tenemos que identificar, aceptar y validar el sentimiento de soledad y la importancia que tiene para cada uno/a de nosotros/as, e intentar ocuparnos de esta necesidad de forma práctica y resolutiva.
Se deben trabajar a nivel personal todos aquellos factores que puedan favorecer la soledad, como los déficits en habilidades sociales o el apego inseguro o evitativo. Así mismo, se deben abordar posibles creencias disfuncionales, expectativas o exigencias a nivel social que la persona pueda tener, tanto por el posible impacto en la motivación y la conducta de conocer gente nueva como en el mantenimiento de esas relaciones. También hay que diferenciar entre sentirse solo y estar solo, recordando las personas que existen en nuestras vida y nos quieren o aprecian, a pesar de sentirnos solos. Se debe analizar también si existen otros factores que influyen en tener por ejemplo un mayor sentimiento de soledad, como pueda ser la experiencia de ciertos traumas o necesidades no cubiertas.
Para aumentar la red social, es necesario lo que en psicología se denomina activación conductual, lo que implica salir de la zona de confort y realizar más actividades sociales, desde actividades grupales nuevas hasta clases dirigidas, eventos sociales y políticos o voluntariado. Porque es importante el número de relaciones que tiene una persona pero también lo es mucho la calidad de las mismas, se deben trabajar otros aspectos como los valores personales, la autoestima, la atención dedicada a las amistades o relaciones ya existentes o la comunicación. Se recomienda también realizar una buena búsqueda de soluciones y tener flexibilidad ante las alternativas disponibles, aceptando formas diferentes de contacto aunque no sean las ideales como por ejemplo hacer un mayor uso de las nuevas tecnologías con amigos o familiares que viven lejos o el uso de aplicaciones para conocer gente nueva.
Además de las acciones encaminadas en mejorar o aumentar las relaciones sociales, ante la soledad también es muy relevante cómo se gestiona el tiempo con uno mismo. Porque el efecto de las acciones no siempre es el deseado, potenciar el autocuidado y la propia rutina o actividades placenteras y aficiones se hace indispensable. Por tanto hay que ser consciente de estas consecuencias y validar nuestro propio sentimiento de soledad, activándonos para buscar soluciones y mejorar la situación personal así como apreciando el tiempo con nosotros mismos y aprovecharlo para la búsqueda de la autoexpresión, de sentido y de bienestar.

