Entender el estrés: qué es, cómo funciona y por qué es importante

Entender el estrés: qué es, cómo funciona y por qué es importante

El estrés es una palabra muy común en nuestra vida diaria. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente. Desde la ciencia, el estrés no es simplemente “estar nervioso” o “sentirse abrumado”; es una reacción natural del cuerpo y de la mente ante situaciones que percibimos como exigentes o desafiantes. Esta reacción, aunque a veces incómoda, tiene un propósito: ayudarnos a enfrentar lo que está ocurriendo. 

Uno de los primeros científicos en estudiar el estrés fue Hans Selye, quien explicó que cuando algo nos preocupa o nos amenaza, nuestro cuerpo pasa por tres etapas. Primero, se activa la alarma: aumenta el ritmo cardíaco, nos ponemos en alerta y nos preparamos para reaccionar. Si la situación continúa, entramos en una etapa de resistencia, en la que intentamos adaptarnos. Pero si el estrés no se detiene durante mucho tiempo, podemos llegar a una fase de agotamiento, donde nos sentimos física y emocionalmente desgastados.

Más adelante, otros investigadores como Lazarus y Folkman descubrieron algo muy importante: no todas las personas viven el estrés de la misma manera. Lo que para una
persona puede ser un gran problema, para otra puede ser un desafío manejable. Esto se debe a cómo cada uno interpreta la situación y a los recursos que siente que tiene para enfrentarla, como habilidades personales, apoyo social o experiencia previa. Por eso, dos personas pueden reaccionar totalmente distinto ante el mismo evento.

Las ciencias del cerebro han ayudado a entender aún más este proceso. Sabemos que cuando sentimos estrés, partes del cerebro como la amígdala se activan para avisarnos de un posible peligro, mientras que la corteza prefrontal —la zona relacionada con pensar y tomar decisiones— ayuda a evaluar la situación con calma. Cuando el estrés es muy fuerte o dura demasiado, esta coordinación se complica, y podemos sentirnos irritables, cansados, confundidos o sin capacidad de concentrarnos.

Es importante diferenciar entre estrés agudo y estrés crónico. El estrés agudo es el que sentimos por un momento: antes de una presentación, al resolver un problema o al vivir una situación inesperada. Este tipo de estrés puede incluso ayudarnos a rendir mejor. En cambio, el estrés crónico es aquel que se mantiene durante semanas o meses, y puede afectar la salud física y emocional, causando cansancio, problemas de sueño, irritabilidad o dolores frecuentes.

La buena noticia es que existen estrategias que han demostrado ser efectivas para manejar el estrés. Actividades como hacer ejercicio, practicar técnicas de relajación o respiración, aprender a organizar mejor el tiempo, hablar con personas de confianza o realizar actividades placenteras pueden ayudar a reducir su impacto. Además, trabajar en nuestra manera de pensar —por ejemplo, buscar enfoques más realistas y menos rígidos— también es una herramienta muy útil.

Comprender cómo funciona el estrés nos permite identificarlo a tiempo y actuar de forma más saludable. No se trata de eliminar el estrés por completo, porque forma parte natural de la vida, sino de aprender a manejarlo para que no afecte nuestra salud ni nuestro bienestar. Con práctica, apoyo y hábitos adecuados, es posible vivir de manera más equilibrada incluso en momentos de mucha demanda.